sábado, 27 de febrero de 2016

Ser feliz con lo que haces


Tom Catena

Compilado por Graciela Sepúlveda

Algo que me gusta mucho sobre escribir las biografías de cada semana es que conozco  a gente exitosa de bien, y, en mi caso, después de escuchar cada día en las noticias muchos y muchos casos de maldad e injusticia en el mundo, veo que también hay gente que hace mucho, mucho bien a su alrededor, y como dice Raphael: “Hay mucho mucho más amor que odio, más besos y caricias que mala voluntad, los hombres tienen fe en la otra vida y luchan por el bien, no por el mal”, como nuestro personaje de hoy, el Dr. Tom Catena, una persona increíble que lucha cada día, de la mano de su fe, para aliviar el dolor de miles de abandonados y maltratados en las montañas de Sudán, conozcan al Dr. Catena…

Thomas Catena nació el 26 de abril de 1965 en Amsterdam, Nueva York, Estados Unidos. Es el quinto de siete hermanos. Tom estudió ingeniería mecánica en la Universidad Brown y se destacó en los estudios, pero mucho más en el campo de fútbol americano, ganando honores y premios en su posición de tackle defensivo.

Después de su graduación, decidió seguir la carrera de medicina, pues ésta le ofrecería la oportunidad de trabajar en los países subdesarrollados, que era lo que realmente él quería, ir de misiones con los más vulnerables. Tom entró en la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke en 1988 con una beca de la Marina de los Estados Unidos. Al terminar su carrera en 1992, se unió a la Marina convirtiéndose en un Cirujano Naval de Vuelo y así cumplir su compromiso con esta institución que le había otorgado la beca. Después de cumplir con su obligación con la Marina completó una residencia en medicina familiar en el Hospital Unión en Terre Haute, Indiana. Una vez allí, empezó a hacer viajes de misión a Guyana y Honduras.

En 1999 Tom comenzó su servicio como médico misionero a través de la “Junta de la Misión Médica Católica” y trabajó como voluntario médico en los hospitales de Mutomo y Nairobi, Kenia.

En 2007 Tom ayudó a establecer el “Mother Mercy Hospital” convirtiéndose en el director y único médico en ese hospital situado en la región de las montañas de Nuba en Gidel, Sudán, un país donde la guerra civil se ha estado librando desde hace años. Tom estableció esta instalación junto con el obispo Macram Gassis y el día de su apertura en 2008 asistieron a más de 200 pacientes. Desde entonces, rara vez se ha detenido, y trata de todo, desde la malaria y la lepra hasta una cirugía cerebral. Cuando no está atendiendo pacientes, está ocupado pasando visita y dando formación a las enfermeras.

En el 2011, la guerra civil se intensificó y las montañas Nuba estaban en el campo de batalla de la misma, debido a la situación tan peligrosa muchas organizaciones benéficas que ayudaban en Sudán se retiraron, los patrocinadores del Dr. Catena le pidieron que se fuera de Sudán, si no le quitaban el patrocinio, él se negó debido a que era el único hospital en 480 kilómetros a la redonda y que servía a 750,000 personas, no se podía salir con la conciencia tranquila, además con eso le estaban dando el mensaje de que su vida vale más que las vidas de esas personas a las que ayuda, y para él esto no tiene sentido pues su vida es igual de valiosa que todas las demás, sin embargo, todos sus ayudantes, encargados de farmacia, de laboratorio, el anestesista, etc. se fueron, solo quedaron él y dos enfermeras. Afortunadamente “Sudan Relief Fund” lo sigue apoyando, el Dr. Catena gana $350 dlls. al mes.


El Dr. Catena vivió situaciones desesperantes, pues además de los heridos por los enfrentamientos, muchos de ellos niños, quienes sufrían de miembros amputados, quemaduras de tercer grado, estallamiento de vísceras, etc., se enfrentó a un brote de malaria particularmente grave, además se prohibió la entrada de ayuda humanitaria, vacunas y medicamentos para la lepra. La guerra continúa y el Dr. Catena, desgastado, cansado, frustrado, sigue al pie del cañón, él dice que está ahí como una iglesia, para ser testigo de esta gente que no puede hablar por sí misma, está ahí para decirles: “oye, alguien se preocupa por ti”, y él está ahí para recibirlos, muchos de ellos caminan hasta 7 días para llegar al hospital, y no tienen donde quedarse, le piden que si se pueden quedar ahí, en el piso, y el no sólo accede, sino que les da agua, comida y atención.

Al preguntarle cómo se las arregla con el estrés de su trabajo, sin otro médico para pedir una opinión o consejo, el Dr. Catena dice: "Es una sensación terrible cuando te enfrentas con el final de tu conocimiento. Es terrible y desmoralizante, no hay una buena manera de evitarlo."

El Dr. Catena tiene poco tiempo para llorar las pérdidas, cuando las hay, tiene que "mantener la cabeza erguida", pues tiene que evitar paralizarse para poder seguir ayudando a los demás. Y es cuando regresa a lo que lo inspiró a llegar a Sudán: su fe católica. “Realmente no tengo el control de quién vive y quién muere. Estoy aquí para hacer mi trabajo", dijo. "Al final, Dios está a cargo de quién vive y quién muere."

Catena dice que su experiencia de jugar fútbol le ayudó a prepararse mental y emocionalmente para lidiar con el estrés que implica el trabajar contra reloj en un hospital remoto dentro de una zona de guerra. "Hay cosas que te enseña instintivamente el fútbol como jugar con dolor, dar tu mejor esfuerzo cuando las cosas se complican, hacer frente a la adversidad, todas estas cosas son aplicables al trabajar en el campo de la misión", dijo. "Hace unos cuatro meses, me lastimé el dedo pulgar en el marco de la puerta, la uña se desprendió, era un dolor insoportable y no estaba seguro de que sería capaz de operar", agregó. "Al final, a pesar de que era muy doloroso, fui capaz de seguir adelante y al día siguiente llegaron operaciones de emergencia y fui capaz de salir adelante y hacerlas."

El Dr. Catena va a su casa en Estados Unidos una vez cada dos años. La última vez fue en Acción de Gracias, cuando el viaje coincidió con la aceptación de un premio por su trabajo por parte de la Fundación Nacional de Fútbol, pues como les comenté, El Dr. Catena ganó honores en el campo de fútbol como estudiante en la Universidad de Brown. Este importante y prestigioso premio, la Medalla de Oro, reconoce a un americano excepcional que ha demostrado integridad y honestidad, logrando éxitos importantes en su carrera, y quien refleja los valores básicos de los que han sobresalido en el deporte amateur, especialmente el fútbol.

Fue nombrado "Héroe Católico" por Catholic Digest en 2010, y ha sido citado en numerosas publicaciones internacionales que informan sobre la guerra civil en Sudán. También fue nombrado una de las 100 personas más influyentes en el 2015 por la revista “Time”.

Al Dr. Catena no le gusta ser el centro de atención, sin embargo, estos reconocimientos le dan la oportunidad de contarle a la gente acerca de las injusticias que lo enfurecen. Quiere que la gente entienda, por ejemplo, que las organizaciones internacionales oficiales, como las Naciones Unidas no hacen llegar medicamentos o vacunas a la gente de su región. Esto se debe a que trabajan a través de los gobiernos. Cuando el Dr. Catena ve a los niños que necesitan sus vacunas básicas, no pueden entender la lógica de esto.

Su gran recompensa es el sentimiento de paz que viene de servir a las personas en necesidad, ya sean rebeldes o civiles por igual. A pesar de las dificultades, es exactamente donde quiere estar.

"Si puedo brindar algo de luz sobre lo que está ocurriendo en las montañas de Sudán, entonces estoy feliz por eso", dijo el Dr. Catena.


Tom Catena, un estudiante brillante, un atleta de gran talento, con dos brillantes carreras universitarias, quien podría haber ido a cualquier ciudad de Estados Unidos, haber hecho una enorme cantidad de dinero y vivir el proverbial sueño americano. Pero en cambio, optó por vivir en el Sudán, uno de los países asolados por la guerra y uno de los más subdesarrollados en la Tierra. En su lugar, optó por trabajar como director y único cirujano en un hospital en la desolada cima de la montaña y atender a una población de 750,000 miembros de la tribu Nuba, optó por tratar a los más desvalidos como a cualquier ser humano, dignamente, y con todo esto y más es una persona que ha logrado el éxito en su vida, pues hace lo que más le gusta, ayudar a los demás, y eso le da una felicidad y una paz que tal vez no encontraría en otro lugar del mundo.