sábado, 24 de febrero de 2018

José Hernández, el campesino mexicano que llegó al espacio


Compilado por Graciela Sepúlveda

Hace unos días mi esposo me comentó que escuchó en el radio una entrevista que le hicieron a un astronauta de la NASA de origen mexicano, José Hernández, y que le pareció muy interesante, pues José recolectaba frutas y verduras en California, allá en los Estados Unidos, así que me puse a investigar, y les comparto la maravillosa historia de José y como logró su sueño de ser astronauta…

Todo empezó en La Piedad, Michoacán. Hijo de padres michoacanos y el menor de cuatro hermanos, José inició su vida con un golpe de suerte, pues nacían conforme se podía, dos de sus hermanos nacieron en diciembre, por lo que les tocó nacer en México, pero otro hermano y José nacieron en plena temporada de cosechas y eso los llevó a nacer en Estados Unidos, por eso dice que fue un golpe de suerte. José nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California.

Desde pequeños, José y su familia se la pasaban viajando cada año, en marzo, al sur de california y terminaban en noviembre en el norte del mismo estado, cosechando fresas y pepino, y regresaban en diciembre a México a pasar navidad con la familia. A pesar de las carencias, los humildes padres de José siempre supieron cuál era el secreto para que sus hijos fueran exitosos en la vida. Cuenta José que un día estaban él y sus hermanos atrás en la camioneta, ya se iban a la casa después de un domingo de trabajar en el campo, pues trabajaban los siete días de la semana, cuando su padre los miró muy atento y les dijo: “¿Saben qué veo en ustedes? El futuro”, respondió. A pesar de que estaban muy chiquitos José nunca va a olvidar lo que dijo después: “Yo no los voy a obligar a estudiar, sólo sepan una cosa: que si no lo hacen, así como andan de mugrosos y cansados, será el futuro que les espera”. Desde ahí le empezó a gustar y apreciar más la escuela.

Después de viajar por más de siete años, José se encontró con Miss Jean, la profesora de segundo año que le ayudaría a él y a sus hermanos a establecerse, pues les hizo ver a sus papás que la única forma de que pudieran crecer personal y profesionalmente era estableciéndose en un solo lugar, así que se quedaron al norte de California. Sin embargo la vida no fue fácil, pues José tuvo que  superar insultos raciales y clasistas de niños que le decían "come tacos", pero más adelante se convertiría en presidente del cuerpo estudiantil en la secundaria. Ese fue el primero de una serie de puestos por elección que aceptaría en su vida y en su carrera profesional.

José y su papá
Su deseo de ser astronauta le llegó cuando tenía nueve años de edad. “Era la época de Apollo 17, y vi por televisión que caminaban por la superficie de la luna, ahí supe que yo también quería ir al espacio”, recuerda. Después de eso, un día se encontraba cosechando verdura en Stockton, California, y escuchó por radio que Franklin Chang-Díaz, de origen costarricense, había sido seleccionado para el programa de astronautas de la NASA y que sería el primer latino en el espacio. Esto lo impulsó aún más a perseguir su sueño. Y cómo suceden las cosas, el mismo Franklin Chang-Díaz que tanto inspiró a José, fue uno de los que lo entrevistaron en su intento de ingresar a la NASA.

Cuando le dijo a su padre que quería ser astronauta, él le contestó: “Usté mijo, puede ser lo que quiera, sólo necesita una receta para hacerlo'":
1.- Define lo que quieres ser.
2.- Reconoce qué tan lejos estás de tu meta.
3.- Crea un mapa de adónde quieres llegar.
4.- Estudia, prepárate para alcanzar tu objetivo.
5.- Entrega más de lo que te piden.

Que sabio el papá de José, y que gusto que lo dejó hacer de su vida lo que más quería, aunque implicara que ya no lo iba a ayudar en las cosechas tanto como antes.

Después de terminar la preparatoria en Stockton, California, José se inscribió en la Universidad del Pacífico de Stockton, en donde obtuvo un título en ingeniería eléctrica y una beca completa para el programa de graduados de la Universidad de California en Santa Bárbara, donde continuó sus estudios de ingeniería obteniendo una maestría.

En 1987, aceptó un empleo de tiempo completo en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en donde trabajó como ayudante en el College, ahí trabajó en el campo de la medicina física y co-desarrolló el primer sistema de mamografía digital de campo completo; el sistema resultó útil para detectar cáncer de mama en etapas más tempranas que otras técnicas mamográficas. José ganó premios de reconocimiento por su trabajo en ese proyecto.

Más adelante inició su proceso de solicitud para convertirse en astronauta, una verdadera lección de paciencia y perseverancia, pues once veces fue rechazado. “Al sexto intento estaba tan enojado que me pregunté: ‘¿Qué tienen ellos que no tenga yo’” comenta José. Después de analizarlo, descubrió que los candidatos que eran aceptados eran buzos y pilotos certificados. Así que José empezó a tomar cursos de buceo y aviación en sus ratos libres. Aún así, fue rechazado.

Decepcionado, tomó un empleo como técnico del gobierno federal de Estados Unidos para verificar la eliminación de material nuclear en Rusia. “Era pesado, en un lugar remoto y en pleno invierno”, explica. “No tenía nada que ver con el espacio, pero me haría sobresalir de la competencia”, dice. Gracias a eso, en 1998 recibió la respuesta que había esperado por años. Era uno de los 100 finalistas para ser astronauta de la NASA.

Sin embargo, no pasó el siguiente filtro. Dos años después, por onceava ocasión, volvió a postularse. De nuevo fue rechazado, aunque algo fue distinto. Uno de los reclutadores de la NASA le dijo: “Nos gusta tu perfil, pero no te conocemos, ¿por qué no te vienes a trabajar con nosotros como ingeniero?” Hernández aceptó, pese a que el salario era 20% menor al del trabajo que tenía en ese entonces. Ese empleo le permitió mostrar su potencial y logró su cometido: ser astronauta de la nasa, en 2004.

“La perseverancia es efectiva cuando va acompañada de auto conocimiento, enfoque, capacidad para reponerse al fracaso y actitud positiva” “Yo era perseverante, pero no de forma efectiva”, admite José. “Eso llegó con la experiencia”.

En agosto del 2009 logró el sueño de su vida al volar al espacio como ingeniero del transbordador espacial Discovery STS-128. Y por fin logró ver la tierra tal como siempre había querido y sobre esto dice: “Arriba no se ven fronteras, se ve todo el mundo. Siempre les digo a los estudiantes que tuve que llegar al espacio para llegar a la conclusión de que aquí abajo somos uno. Las fronteras son hechas por humanos y realmente somos uno".

En esa ocasión, el Discovery realizó 217 órbitas de la Tierra, voló más de 5,7 millones de millas en 332 horas y 53 minutos y volvió a aterrizar en la Base Aérea Edwards, en California.

José continuó trabajando en la NASA hasta el 2011, el último puesto fue en la oficina de asuntos legislativos e intergubernamentales en el cuartel general de la agencia en Washington, un puesto que le permitió estar en contacto con miembros del Congreso para asesorarlos en temas tecnológicos. Fue ahí donde comenzó a barajar la posibilidad de dedicarse a la política. Tras abandonar la NASA, en febrero de ese año se incorporó a la empresa de tecnología MEI Technologies, Inc. (MEIT), desde la que ha seguido vinculado a la aeronáutica.

José Hernández escribió su autobiografía "Alcanzando las estrellas" ("Reaching For The Stars" en inglés), publicada en ambos idiomas, la cual es una historia de esfuerzo, dedicación, persistencia y esperanza escrita con la intención de inspirar. Y precisamente así se llama su fundación: Fundación "José Hernández: Alcanzando Las Estrellas” en la cual ayuda a jóvenes igual que él, nacidos en Estados Unidos pero con costumbres mexicanas que hablan español, y que a pesar de vivir allá, sufren discriminación y se enfrentan a barreras o situaciones económicas que les impiden continuar sus estudios. La preparación universitaria en Estados Unidos es muy cara, entonces la fundación trata de ayudar a esos jóvenes a través de becas, talleres, academias de verano, entre otras cosas.

En el 2006 José Hernández recibió un doctorado honorario por parte de la Universidad del Pacífico.

Que inspiradora la historia del Dr. José Hernández, pues nos deja la enseñanza de que todo es posible, no importa que tantas barreras, tantos obstáculos y tantos retos puedan aparecer, que realmente el estudio es la solución para una mejor vida, pero también tener el compromiso de trabajar duro y sobre todo ser perseverante, que no tengamos miedo de tener grandes sueños, tal vez no los logres en un día, ni en un año, o en cinco años, pero poco a poco, caminando hacia adelante, sin rendirte, lo más seguro es que lo conseguirás.

José Hernández con el Presidente Barack Obama