sábado, 24 de marzo de 2018

Nunca es tarde...

Minna Keal, 46 años de espera...

Compilado por Graciela Sepúlveda


Hace poco tiempo tuve la oportunidad de asistir a una interesante conferencia sobre “Los Grandes, Grandes” y nos presentaron varios ejemplos de adultos mayores que han encontrado en esta edad su mayor plenitud en la vida, y me llamó mucho la atención Minna Keal, porque a pesar de que desde pequeña ya sabía cuál era su vocación, componer música, por causas del destino tuvo que dejarla por… 46 años, reanudándola hasta entonces, un gran ejemplo de que nunca es tarde…siempre hay tiempo…

Minna Keal
Minna Nerenstein (Keal fue el apellido de su segundo esposo) nació en Londres en 1909, siendo la mayor de una familia de emigrantes judíos rusos. A pesar de que sus papás no tenían ninguna enseñanza de música, Minna tenía un tío que tocaba muy bien el violín, así que ella recuerda su infancia llena de música, principalmente a su mamá cantando canciones hebreas folclóricas.

Londres en 1909
Minna hablaba yídish, pero desde los 3 años aprendió inglés. Tomó clases de piano y escuchaba constantemente grabaciones de violín y de estrellas de ópera de esos días.

Sus padres tenían un pequeño negocio de publicación y venta de libros hebreos. Su papá murió en 1926, cuando Minna tenía 16 años, más adelante, en 1928 ella ingresó en la Real Academia de Música, pero eran tiempos difíciles, y a pesar de ganar una beca para aprender composición musical, en 1929, y de que las obras que había realizado, llenas de armonías y vibrantes melodías, eran ejecutadas frente al público exitosamente, Minna cedió a la presión de la familia, y renunció a sus estudios académicos y prometedora carrera para ayudar a su mamá con el negocio familiar, aunque su mamá era la única que quería que siguiera estudiando.

Junto con esta presión llegó la culpa y, lo más triste de todo, ella sintió en ese momento que no podría haber sido buena como compositora porque nadie le pidió que no renunciara, aunque un maestro sí le escribió para pedirle que no dejara sus estudios, ella ya había tomado una decisión. Minna estaba devastada por tener que renunciar a lo que más quería hacer en la vida, y pensó que la mejor manera de hacer frente a la situación sería dejar de componer. Así que, después de haber escrito las partes de un cuarteto de cuerdas que había terminado recientemente, condenó a éste a un cajón y salió de la Academia en mayo de 1929 a la edad de 20 años y le dio la espalda a la composición durante 46 años, a pesar de su evidente talento. Sin embargo, Minna continuó tocando el piano y de esta manera la música siguió desempeñando un papel importante en su vida.

Durante la Depresión, Minna trabajó con su madre para mantener las finanzas de la familia en equilibrio. A mediados de la década de los ‘30 casada y con un hijo, todavía tocaba el piano en privado y algunas de las obras que había compuesto durante sus estudios en ocasiones se escuchaban en conciertos en el Instituto Judío.

Minna tuvo una sucesión de puestos de trabajo no relacionados con la música, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en una fábrica de aviones, además ayudó a rescatar a cientos de niños de la Alemania nazi junto a su primer esposo. Después siguió desempeñando trabajos de oficina. En 1959 se casó con su segundo esposo, Bill Keal, y cuando le llegó el tiempo de retirarse, en 1969, a la edad de 60 años, comenzó a dar clases de piano a unos cuantos alumnos, sin imaginarse a donde la llevaría esto.

Justin Connolly
En 1973, uno de sus alumnos de piano tenía que ser examinado en su casa, por lo que el encargado de hacer el examen llegó a casa de Minna. Era el compositor Justin Connolly. Después de que el examen había terminado los dos músicos discutieron diversos temas y Minna mencionó que había estudiado en la Real Academia de Música. Connolly estaba particularmente fascinado de conocer a una estudiante de la universidad de los años ‘20 y le pidió ver algunas de sus composiciones. Quedó tan impresionado que la convenció para que reanudara su fase de compositora y se ofreció a ayudarla. Él se convirtió en su aliado, instructor y un gran pilar en su desarrollo musical. Como un regalo de Navidad, el hijo de Minna la inscribió como estudiante oficial de Justin Connolly en 1974, y lejos de ir declinando en el otoño de su vida, Minna comenzó a florecer, componiendo obsesivamente.

Oliver Knussen
Connolly, y más tarde Oliver Knussen, con quien también estudió, le abrieron los oídos a la música moderna, a Bartok y Stravinsky, pues Minna se había quedado estancada en la composición de los 20’s, ella se refería a esto como el aprender un nuevo lenguaje, el cual aprendió fluidamente, por lo mismo sus primeras obras no tuvieron mucha demanda entre los promotores de la música, pero sus maestros persistieron y en 1982 empezó a trabajar en su Sinfonía, la cual fue estrenada en 1989 en los BBC Proms, unos prestigiosos conciertos anuales que se celebran en el Royal Albert Hall de Londres. Fue un clamoroso éxito. Minna Keal tenía ochenta años. A partir de entonces, y hasta su muerte, 10 años más tarde, Minna se dedicó intensamente a la música y se convirtió en una de las más notables compositoras contemporáneas europeas. "Creí que estaba llegando al final de mi vida, pero ahora siento como si estuviera empezando. Es como si estuviera viviendo mi vida al revés" dijo tras estrenar en los Proms.
Entre 1988 y 1994 trabajó en un concierto de cello op.5

The Royal Albert Hall
La Real Academia de Música honró a su exalumna con un concierto por sus 90 años lleno de amigos y colegas que celebraron a la compositora que demostró que nunca es tarde para causar un impacto en el mundo. Minna murió el 14 de noviembre de 1999.

Minna Keal, una mujer de éxito, quien escribió todas sus grandes obras musicales cuando tenía más de 65 años, volviendo a la composición después de 46 años, la niña judía que había estudiado en la Royal Academy of Music en 1928, se encontró luego en el escenario del Royal Albert Hall cuando tenía 80 años, recibiendo una ovación de pie por su primera obra orquestal, una Sinfonía. Eventualmente toda su música fue tocada y grabada, incluyendo sus piezas estudiantiles.

La historia de Minna Keal nos enseña que lo que va a ser, llega tarde o temprano, que siempre hay gente alrededor que puede ser el detonador de algo que quieres lograr, hay que estar atentos y dispuestos a las oportunidades, y en particular me llamó la atención el que ella esperaba que le pidieran que no renunciara a sus estudios, y eso no pasó, entonces lo que hay que aprender es a no esperar nada de nadie, y así no te decepcionas de nada, confías en ti y claro, sobre todo en Dios. También por algo pasan las cosas, tal vez si se hubiera dedicado desde el principio a la música no hubiera salvado a tantos niños de los nazis, quien sabe, lo que sí sabemos es que lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para aprender esa lección y seguir adelante.

        Nunca es tarde… siempre hay tiempo.