sábado, 14 de febrero de 2015

Kennedy Odede, “El Alcalde”


Compilado por Graciela Sepúlveda

Uno de los más grandes barrios marginales en África es Kibera, un vasto aglomerado de callejones de lodo y chozas improvisadas en Nairobi. El crimen está muy extendido, la basura y las aguas negras están por todos lados. La gente algunas veces hace sus necesidades en bolsas de plástico y las arroja aventándolas por el aire lo más lejos que puedan, se llaman “baños voladores”. La vida ahí puede ser maloliente, aterradora y deprimente, y puedes ver jóvenes tumbados en los callejones alcoholizados o drogados en un triste sopor. Se han dado por vencidos. Aquí es donde nuestro hombre de éxito, y para mí un héroe, del día de hoy nació, y contra todas las posibilidades ha hecho cosas extraordinarias en esta tierra de nadie, te cuento la increíble historia de Kennedy Odede…

Kennedy Owiti Odede nació de una mamá soltera de 15 años, y era una tradición que los varones de madres solteras debían ser eliminados, pero los ancianos decidieron dejarlo con vida pues llegó coincidiendo con las lluvias tras una sequía muy larga y además, como nació al revés, o sea con los pies primero, era una creencia que los que sobrevivían este tipo de parto iban a ser unos líderes, así que lo nombraron como un gran líder para ellos y le llamaron Kennedy.

Su madre era analfabeta y Kennedy tenía todas las probabilidades de convertirse en uno de esos jóvenes que vivían en un sopor, era el mayor de 8 hijos y no le dieron educación formal. A los 7 años vendía cacahuates en el mercado para ayudar a su familia. Entonces su mamá se casó con un hombre que los maltrataba brutalmente, y golpeaba más a su mamá cuando Kennedy estaba en casa, así que a los 10 años se escapó y comenzó a vivir en los patios del mercado. Sin embargo, Kennedy tenía una extraña confianza en el futuro, tal vez porque se esperaba que fuera un líder. Todas las mañanas se levantaba a las 4 a.m. determinado a hacer de cada día, uno mejor que el anterior.

Por algunos meses Kennedy asistió a una escuela informal en la calle y aprendió el alfabeto, después de que tuvo que dejarla por no poder pagar las cuotas, él seguía buscando como poder seguir aprendiendo. Un amigo le pasaba todo lo que le habían enseñado en la escuela, y un sacerdote católico de Kibera, que admiraba su pasión por aprender, le regaló un diccionario en inglés, que se convirtió en un recurso para su auto superación. Una monjita también le apoyo como tutora en la lectura.

Kennedy impresionaba a los extranjeros por su pasión por aprender. A los 15 años le regalaron la biografía de Nelson Mandela, con la que quedó fascinado y empezó a soñar que quería ser como él. Dos años después un visitante americano le regaló “Un Testamento de Esperanza: Los Escritos y Discursos Esenciales de Martin Luther King Jr” aunque le costó mucho luchar con el inglés, lo terminó, y se sintió inspirado a hacer la diferencia, a tratar de empezar un movimiento.

Para esta época Kennedy trabajaba 10 horas al día por $1 dólar, así que con20 centavos que había ahorrado compró un balón y empezó un equipo de futbol de jóvenes, para unirlos, darles un propósito y ayudarlos a afrontar los desafíos a los que se enfrentaban. Sin embargo él no quería solo un equipo de futbol, sino un movimiento real, y le comentó a un amigo que quería terminar con lo que estaba matando más gente que la pobreza: la desesperanza, y nombró a su movimiento “Shining Hope for Communities” (SHOFCO) (Esperanza que brilla para las comunidades). Y empezó a atacar ciertos problemas como la violación a las mujeres (50% de las mujeres en Kibera tienen su primera experiencia sexual por violación) a través de teatro en la calle, y como no había nada que hacer en Kibera, todos acudían y hablaban de ello. Él y su equipo aprendieron el poder de sanar a través de ayudar, de la fuerza que viene de ser agentes de cambio. A Kennedy lo empezaron a apodar “El Alcalde”.

Kennedy fue invitado a Nairobi a dar una conferencia sobre el teatro en las calles y ahí se encontraba un director de teatro de Denver, Colorado, de los Estados Unidos. Más adelante este director le platicó a una estudiante de la Universidad de Wesleyan, Jessica Posner, sobre este evento, pues ella estaba planeando irse su tercer año escolar a Kenya. Ella se puso en contacto con Kennedy para ver si la aceptaban para hacer teatro en las calles, y después de discutirlo con el equipo la aceptaron. Al llegar Jessica a Kenya hubo una discusión pues no querían que se quedara en Kibera por sus malas condiciones, sin luz, sin agua corriente, con los “baños voladores”, ratas, en fin, ella insistió que si ellos podían, ella también. Y a pesar de que se arrepintió pues las condiciones eran terribles, se quedó callada y resistió con todo y que se la pasaba enferma. Todos aplaudían las buenas ideas de Jessica para el teatro en la calle, y ella estaba deslumbrada por Kennedy, quien es 2 años mayor que ella. Él derrochaba carisma y una inteligencia brillante. Kennedy le confió a Jessica que le gustaría algún día tener una educación formal, ella lo animó y envió hasta su Universidad, Wesleyan, ensayos escritos por Kennedy sobre toda su vida; Wesleyan lo aceptó con una beca completa. En el otoño de 2008 Jessica y Kennedy llegaron al campus de la Universidad, ella para su último año y él para su primer año de Sociología. Si Jessica estaba abrumada en Kibera, Kennedy estaba abrumado en la Universidad, era la primera vez que tenía comida suficiente, en Kibera tomaban mucha agua para llenarse pues solo tenían para una comida al día, era la primera vez que usaba una regadera, y muchas cosas más. Le llamaba a su mamá a Kibera para asegurarse de que no estaba muerto y se había ido al cielo.

Shining Hope llevaba ya 6 años de existir sin donativos o ayuda, y Kennedy comenzó a hablar de su siguiente sueño: una escuela para niñas, él pensaba que al educarlas, las respetarían y así se podría luchar contra los abusos sexuales. Sin embargo era algo que no podían financiar, Jessica, que ya era su novia, contribuyó con todos sus ahorros, $3,000 dólares, claro que su familia pensó que estaba loca, sin embargo, al ver lo importante que esta escuela era para ella, la apoyaron. Kennedy y Jessica lograron donaciones de Projects for Peace, DoSomething.org, Newman’s Own Foundation y Echoing Green. En el verano del 2009 iniciaron la “Kibera School for Girls” (Escuela Kibera para Niñas) con clases de pre-K, kindergarten y primer año. Jessica se quedó en Kibera y Kennedy regresó a la Universidad a continuar sus estudios, tratando de manejar el proyecto vía Skype.

En el 2012, después de la graduación de Kennedy, en donde fue el elegido para dar el discurso en la ceremonia, él y Jessica se casaron en Estados Unidos y regresaron a Kibera. Juntos ganaron más atención, apoyo y financiamiento, usándolo para expandir Shining Hope y así servir a más de 50,000 residentes de una u otra forma. Instalaron una torre de 9 metros para suministrar agua clorada confiable a los residentes, vendiéndola muy barata, no regalándola, para que este proyecto se pueda seguir sustentando. Iniciaron una clínica proveyendo pruebas de Sida, cuidado prenatal, anticoncepción, y detección de cáncer cervico-uterino, apoyándose en historias clínicas electrónicas. Usan la clínica para poner en marcha unidades de salud pública para desparasitar a los residentes y asesorar a las nuevas mamás en una óptima alimentación de lactancia para sus bebés. También iniciaron un plan de micro ahorros, una biblioteca pública, un periódico para la comunidad llamado “Ghetto Mirror” y un programa de entrenamiento de habilidades para conseguir empleo. Shining Hope incluso construyó baños públicos limpios, incluyendo uno que produce metano, el cual provee de gas para cocinar en la escuela de las niñas.

La escuela para las niñas es de primer mundo, con bonitos uniformes y los mejores maestros, el tope de estudiantes por salón es de 20, y las niñas son elegidas entre las más pobres y brillantes, la escuela de las niñas ha obtenido las mejores calificaciones de entre las mejores escuelas del país. La escuela es gratis, pero los papás se comprometen a trabajar 5 semanas al año en lugar de pagar una matrícula, además de acudir a las juntas mensuales. Se ha corrido la voz acerca de la escuela, y extranjeros han llegado y dejado grandes cheques. Una mujer de Estados Unidos eligió Shining Hope para enviar los donativos que recaudó por el día de las madres, juntando $130,000 dólares, con lo que pudieron construir un nuevo edificio con 20 salones y tener hasta el octavo grado. Después del octavo grado, la meta es seguir estudiando preparatoria en las mejores escuelas de Kenia y en algunos casos, en Estados Unidos.

Algunos de los problemas que tienen las niñas no desaparecen, pero saben que no están solas, pues cuentan con el apoyo de sus maestros y de Jessica y Kennedy, de hecho cuando se enteran de alguna niña que ha sido violada, acompañan a la familia a denunciar y los apoyan en lo que pueden. Y como muchas veces las niñas siguen en peligro, Shining Hope comenzó una iniciativa para terminar con la impunidad por violencia sexual, esto incluye una casa segura y una campaña para alentar a las niñas y a sus papás a superar el estigma y reportar las violaciones a la policía, y entonces presionar a las autoridades a actuar.

Kennedy ha recibido numerosos reconocimientos por su labor, uno de ellos fue el poder compartir el podio con Bill Clinton y Sean Penn en el cierre de la Sesión Plenaria de la Clinton Global Initiative, un foro que reúne a líderes jóvenes de todo el mundo para compartir, discutir y formular medidas sobre cuestiones mundiales, y recientemente fue invitado a convertirse en un miembro de la misma, CGI por sus iniciales, una distinción que se otorga a los jefes de Estado, premios Nobel, y titanes empresariales. Por su parte Jessica ganó el premio de $100,000 dlls en el 2010 por parte de la organización “Do Something” como la mayor agente de cambio del mundo menor de 25 años.

Kennedy Odede, un hombre de éxito, que pudiendo quedarse en Estados Unidos al terminar sus estudios, regresó a su pueblo para sacarlo adelante, para llevar esperanza a los desesperados, y luchar por la justicia, creyendo que nada es imposible, sabiendo de primera mano cómo la total determinación, el trabajo duro y la pasión pueden alimentar la misión de un solo hombre, creando un efecto de ondulación de enorme magnitud: “Shining Hope for Communities”, cambiando la vida de más de 50,000 personas con multitud de programas sociales, y su mayor recompensa la tiene cuando al caminar por las calles de Kibera, las niñas lo abrazan y le dan las gracias por haber cambiado sus vidas. “Definitivamente, todo el mundo, en todas partes, sin importar su condición, puede tener un impacto en la humanidad” Kennedy Odede.


1 comentario:

  1. Siempre hay gente ordinaria que tiene sueños y al despertar a su realidad se vuelve gente extraordinaria.
    Bravo por todos y todas las personas que como Kenedy son EXTRAORDINARIOS.

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